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We were very enthused to talk with Mr. Garriegó, and even more enthused by the kind words he shared about us.  This article was published on April 30th, 2010 in the Wine section of the Diario Las Americas, South Florida’s First Spanish Language Daily Newspaper. We hope that you enjoy this article as much as we have.

¡Salud!

Diario Las Americas - Publicado el 04-30-2010
Diario Las Americas

¿Un vino cubanísimo?

Por José R. Garrigó

Cuando le dije a un amigo que había probado un vino cubanísimo me contestó, mostrando sorpresa; que en Cuba no se producen vinos. Y tiene razón, pues el clima tropical y húmedo de la isla caribeña no es propicio para el cultivo de la vid. Los vinos que se bebían en la Cuba republicana eran, en su mayoría, importados de España, aunque también venían de Francia, Italia y Sur América entonces.

Muchos de nuestros lectores quizás habrán visto en la tienda una marca de vinos con ese nombre. Mi primer encuentro con los mismos fue hace un par años en Rockridge, en las afueras de San Francisco, donde vive mi hija Silvia, quien, para halagarme, descorchó una botella de Pinot Noir Cubanísimo para la cena.

Hace poco supe que el Dr. Mauricio Collada, propietario de la bodega que lleva ese sugestivo nombre, visitaría Miami y me reuní con él para conocer más sobre la historia de su vino. Collada es un neurocirujano que reside y tiene su práctica en Salem, Oregón. Nacido en Cuba, llegó con su familia a Miami en 1962 a la edad de nueve años. Preguntándole qué fue lo que le llevó al mundo de los vinos, Collada me dijo que “ha sido un proyecto que comenzó cuando estaba estudiando biología en University of Miami.”, añadiendo con una sonrisa “pero en esos días hacía ‘vino’ de plátano y de mango”.

Fue después, en Charleston, donde hacía su internado, que un amigo le ofreció una copa de Pinot Noir francés y “allí desarrollé mi pasión por [los vinos a base de] Pinot Noir pues encontré que tenían muchos niveles de sabores y eran muy aromáticos”.

En 1983 Collada se estableció en Salem, la capital de Oregón, a unas 50 millas al sur de Portland, en el centro del Valle de Willamette, el más reconocido para el cultivo de la vid en dicho estado.

“Me enamoré de Oregon y su belleza”, me dijo Collada recordando sus primeros días por esos lares. En 1986 adquirió un lote de 21 acres, en el cual comenzó a plantar su viñedo en 1991. El mismo está en la zona vitícola llamada Eola-Amity Hills, donde existen alrededor de 30 bodegas.

“Tuve que aprender el giro vinícola ‘a lo duro y dando golpes’ aunque varios en la industria me ayudaron y aconsejaron durante esos primeros días”. Después recuerda “experimenté todos los tropezones normales de un negocio nuevo”. Mantener a flote una bodega vinícola con sólo 15 acres de viñedo no es fácil y el mismo Collada reconoce que “con 20 acres uno puede vivir del viñedo, aunque algo apretado”.

En su caso, desde luego, él sigue activo en su práctica de medicina, con lo cual no necesita extraer fondos del negocio del vino, lo que le permite reinvertir en mejoras en la empresa. En 2003 se asoció con Robert Stuart para hacer vino en unas instalaciones en McInniville, cerca del viñedo, donde elabora y añeja los mismos. “Quería que mis vinos no fuesen muy concentrados para que complementaran bien la comida cubana”, añadiendo que “también quería ofrecer vinos que reflejasen mis raíces y cultura”. Para reafirmar eso, y cómo algo inusual en etiquetas de vinos, las mismas muestran prominentemente el escudo tradicional de la República de Cuba. Desde los primeros días, Collada pensó que el sur de la Florida era un mercado ideal para colocar sus vinos, lo cual se hizo realidad en 2004, concluyendo que, “así no competía con los 350 productores de Oregón que ofrecen sus vinos en nuestra área”.

Cata del caldo

Los vinos de Cubanísimo Vineyards que he probado han sido: 2007 Pinot Noir, Willamettte Valley: Color rubi medio, aromas que recuerdan láminas de cedro y vainilla, hojas de tabaco curadas, cuero recién curtido, cuerpo medio, redondo, sedoso y con taninos maduros que aderezan el caldo. Cuando probé la edición del 2007 con mi hija, hace un par de años, el vino estaba cerrado y con cierta aspereza. El mismo ha evolucionado agradablemente y posiblemente está en su punto óptimo de disfrute.

2008 Pinot Noir, Estate, Willamette Valley: Color rubí medio, nariz que recuerda zarzamoras y frambuesas, cuerpo medio, sabores de cerezas negras, taninos que revolotean alrededor de la fruta, largo en el retrogusto. Un vino que podemos esperar tres años para disfrutarlo a plenitud.

Además de los Pinot Noir mencionados, la bodega elabora un Pinot Gris y un Rosado de Pinot Noir.

Mauricio Collada es una persona que contagia gran energía. Después de conocerlo y hablar con él por más de una hora uno se da cuenta que, además de sus hijos, tiene tres grandes pasiones: su práctica de neurocirugía, su vino y un intenso orgullo de su cubanía. Realmente no sé cual es la más intensa de las tres últimas.

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